¿Quién se beneficia en un Encuentro de Taizé?

Los que me conocéis (y algunos de los que no) sabéis que siempre suelo escribir al volver de un Encuentro de Taizé porque es una experiencia que deja huella en mí siempre que participo. Sin embargo, este año no tengo que volver de ningún sitio por razones obvias, y por otra parte siento que el Encuentro empezó para mí hace ya un tiempo (hay para quién empezó antes y que está trabajando desde hace mucho tiempo en él), por eso me gustaría escribir algo acerca de lo que está significando este tiempo de "Encuentro".

"Encuentro", esa palabra que nace de la confrontación con el otro, es algo propio de nuestra cotidianidad. A diario nos encontramos con personas, aunque no siempre estamos dispuestos a confrontarnos con ellas. Hay quien es capaz de no Encontrarse con nadie a lo largo de su vida diaria a pesar de estar rodeado de gente. Por eso, a pesar de encontrarnos con personas a diario no siempre podemos decir que se produzca un "Encuentro" entre nosotros. ¿Por qué digo esto? Porque el Encuentro siempre nace de un deseo de confrontarse con el otro. No nos vale intercambiar palabras, sino que se tiene que producir en una relación interpersonal, de corazón a corazón. Se nota cuándo ponemos el corazón en aquello que hacemos y cuándo no, y lo cierto es que cuando ponemos corazón, las cosas tienen otro "sabor". Eso no significa que el resto de cosas que hacemos o relaciones que tenemos sean insípidas; eso significa que no siempre estamos dispuestos a saborear la ocasión que se nos brinda.

Muchas son las personas que están preparando el Encuentro de Taizé para este año en Valencia, y es asombroso el trabajo que lleva detrás de sí un Encuentro de Taizé. Sin embargo, a mí no me ha impresionado que estas personas trabajen (mucha gente trabaja y no me impresiona, lo cual no significa que su trabajo no sea impresionante), me impresiona el "sabor" que transmiten en la preparación de este Encuentro. Desde el más mínimo detalle, todo se prepara desde la base que supone preparar un Encuentro que busca un Encuentro con Cristo y un Encuentro en Él entre cristianos creando caminos de unidad profunda entre ellos en la acción del Espíritu. Un Espíritu que sopla donde quiere, y que está soplando fuerte para impulsar hacia delante este Encuentro.

Cuando uno se pregunta acerca de los beneficiarios de este Encuentro, muchos piensan en las decenas de miles de jóvenes que acudirán a disfrutarlo del 28 de diciembre al 1 de enero. Yo, personalmente, creo que los primeros beneficiarios de este Encuentro somos los que estamos aquí, en una espera activa a que llegue el día. Encontrarte con Cristo en la oración de una manera tan particular como es la oración de Taizé que cuidadosamente se prepara en el Centro de preparación y que se ofrece diariamente a todos aquellos que quieran participar; Encontrarte con los otros en oración y fuera de ella, viendo cómo a veces hacen una entrega tan generosa de sus vidas que ni ellos mismos se dan cuenta; recibir en nuestras parroquias a gente que viene a dinamizar la vida parroquial como instrumentos que el mismo Dios utiliza para hacernos salir de nosotros mismos y de nuestras seguridades abriendo nuestras vidas al Encuentro con Dios y con los demás. Puede que a veces caigamos en la tentación de pensar que los beneficiarios de todo esto son los que han de venir, pero yo sigo estando convencido de que los primeros beneficiarios somos nosotros. Es cierto que exige esfuerzo (siempre que pensemos en nuestro esfuerzo, pensemos que alguien se estará esforzando mucho más que nosotros), es cierto que exige tiempo... incluso para algunos nos exige abrir las puertas de nuestras casas a gente que viene de fuera para ser acogida, pero nada comparado con aquello que podemos recibir nosotros en el Encuentro con Cristo y con los otros en la entrega generosa de nuestras vidas. Mi experiencia es que siempre desborda lo que recibimos frente a lo que damos.

Por todo esto, creo que no me equivoco si digo que los primeros agraciados en este Encuentro somos los que, de una manera u otra, nos estamos viendo confrontados por todos aquellos que se están entregando (tanto los que han venido desde otros países como los que siendo de aquí han hecho un paréntesis en sus vidas en favor de la preparación del Encuentro) para que el Encuentro de Taizé en Valencia tenga un "sabor" exquisito. Para mí, como he dicho al principio, hace tiempo que el Encuentro ha empezado, y puedo decir que no tengo que esperar al día 2 de enero para ver todo lo que el Encuentro está trayendo a mi vida: Encuentro, Testimonio, Alegría. Creo que no puedo pedir más. Por eso, invito al que está leyendo esto a que se deje contagiar por todo lo que el Encuentro conlleva, que se atreva a entregarse sea en calidad de peregrino, de acogedor o voluntario  (creo que estas "denominaciones" son intercambiables) y que esté abierto a la Novedad que pueda incurrir en su vida a través del Encuentro, ya que la experiencia dice que Dios no defrauda. ¡Ánimo! 

«Ama y dilo con tu vida» (Hno. Roger de Taizé)

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Apúrate"

Pensando en voz alta (sobre Tikkun Olam)

"La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas"