De personae et circunstantiae (o del sabor de un campamento)

Yo no soy un "blogger". No lo soy porque, para serlo, tendría que blogguear a menudo. Escribo en este blog muy de vez en cuando, y lo hago cuando algo me impacta, deja huella en mí o me hace pensar. Por eso, a pesar de no ser un "blogger", hoy me veo animado a escribir.

Estos días he estado pensando sobre lo especial de un acontecimiento. Todo esto ha venido a raíz del Campamento que he vivido con la parroquia Sant Pere Apòstol de Tavernes de la Valldigna, donde he estado 3 años; puede que alguien piense que es estirar demasiado la cuerda para lo que realmente significa un campamento, pero precisamente es de eso de lo que voy a hablar.

Un acontecimiento en sí mismo no tiene importancia. Ni más ni menos; simplemente no la tiene. Cualquier acontecimiento acontece en el silencio siempre que no haya nadie para contarlo, siempre que ocurra sin que nadie se dé cuenta. Por tanto, hablar de la importancia de un acontecimiento es hablar de la importancia que una persona le da a ese acontecimiento, no del acontecimiento en sí mismo. En este sentido, hay acontecimientos que marcan la vida de las personas profundamente, y otros que pasan desapercibidos. Es lo que llamamos "vivir la vida con sabor": vivir los acontecimientos que van ocurriendo degustándolos y saboreándolos, haciéndose conscientes del significado que estos tienen y extrayéndoles todo el jugo que sea posible. Así, un campamento se puede definir como algo "muy sabroso". Sabroso en el sentido de que los acontecimientos que en él se suceden se convierten en suculentos momentos llenos de sabor para aquél que está dispuesto a saborearlos. Me viene a la mente un ejemplo: ver salir un dragón de cartón al que los niños (y no tan niños) tiran "huevos dorados de águila" y pegan corazones. Para algunos, sólo es una parte más de un juego más de los muchos que tiene el campamento; para alguien, resulta ser el compendio de muchas horas de trabajo, de dedicación, de entrega, de preparación y de vida que ha quedado plasmado encima de ese trozo de cartón pintado. Es así como un acontecimiento que puede resultar instranscendente se llena de sabor y evoca algo más que lo que está ocurriendo a los ojos del observador. Son las personas las que llenan esos instantes de sabor, pues son las personas aquellas que plasman su vida y su entrega en aquello que hacen, haciendo de momentos intranscendentes, momento de una intensidad sabrosa que llena de sabor a aquél que está dispuesto a degustarlo.

Sin embargo, aquél que da la importancia a los acontecimientos no se ve aislado del resto de cosas que ocurren. Vivir un acontecimiento es vivirlo rodeado de una serie de circunstancias que condicionan las mismas condiciones del observador. Una persona que vive un acontecimiento no lo vive del mismo modo en cualquier circunstancia; las circunstancias condicionan a aquél que vive un acontecimiento de una manera radical, pues ellas son las que permiten vivir las cosas de un modo u otro: con aire de finalismo o continuidad, con interés o sin él. Las circunstancias condicionan a la persona en aquello que vive hasta el punto de determinar su capacidad de percibir los sabores que emanan de los acontecimientos de su vida. Digamos que las circunstancias actúan como el sentido del gusto en aquél que está dispuesto a saborear la vida. Como decía Ortega: "yo soy yo y mis circunstancias"; persona y circunstancias, el sujeto y su entorno.

Por eso, hablar del sabor de la vida es hablar de las personas que te envuelven y de las circunstancias que vives. Eres capaz de vivir un acontecimiento saboreándolo siempre que las circunstancias y las personas con las que cuentas sean las adecuadas.  Ese acontecimiento puede tener mejor o peor sabor, pero el sabor del acontecimiento no habla de tu capacidad de saborear. Las personas dan sabor, las circunstancias permiten saborear. De esta manera, a veces ocurre que se dan las personas idóneas para las circunstancias presentes, y un acontecimiento que puede resultar intrascendente para alguien se convierte en una experiencia de esas que dejan poso en la persona y que marcan su vida e incluso su porvenir. Esto no es que pueda ocurrir, sino que ocurre, y yo he sido testigo de ello. Puedo decir que en las circunstancias adecuadas con las personas idóneas un acontecimiento que se repite constantemente en mi vida se puede convertir en algo único e irrepetible que deja un sabor parecido a los taninos del buen vino en la lengua, que aunque ya hayas tragado el vino hacen permanecer su sabor en el buen paladar.

Esta es mi manera de agradecer la capacidad de saborear este campamento a todos los responsables de ello (77 en total) y las circunstancias que me han llevado a ello, que mejores o peores, han sido las que han sido y de las que doy gracias a Dios porque me han llevado a vivir este campamento con sabor y con sentido, por lo que no podría estar más agradecido. ¡Os ha quedado un campamento riquísimo! Gracias.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Apúrate"

Pensando en voz alta (sobre Tikkun Olam)

"La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas"