Taizé: de dentro hacia fuera

Hace tiempo que no escribo en el blog (la constancia en estas cosas no es que sea una de mis facultades) pero las experiencias vividas durante esta semana me han hecho pensar; no es que haya cumplido en mayor o menor medida los objetivos que me había propuesto para el viaje, sino que con un simple movimiento ad extra el viaje me ha dado la vuelta. No voy a contar el viaje sino algo que he descubierto en él.

Puede que en determinados momentos vivamos "desde dentro"; esto significa que vivimos con una inquietud interior que nos mueve, insertos en una búsqueda en la que nos "jugamos la vida". Desde aquí y frente al ritmo frenético de nuestra vida diaria buscamos espacios en los que poder desinhibirse y encontrar la paz que anhelamos. Buscamos esos lugares y cuando los encontramos los tenemos como lugares de referencia en nuestras vidas. Allí tenemos la esperanza de encontrar el descanso que necesitamos ante nuestra vida para retomar fuerzas. Uno de esos lugares es Taizé, ya que para muchos de nosotros es la "fuente" donde ir a beber y reponer fuerzas en nuestro caminar; sin embargo, yo creo que Taizé nos permite algo más importante aún que el poder encontrarnos con nosotros mismos y hallar la tranquilidad y la paz interior que necesitamos (lo cual también es importante).
Para mí, Taizé es "Encuentro", y para que sea posible el encuentro se tiene que dar otro factor: la alteridad, la intersubjetividad, una o más personas dispuestas a encontrarse conmigo; para mí, eso es lo determinante de Taizé, porque pienso que en ese sentido es un perfecto escenario donde se dan estos factores y se conjugan con un adjetivo que desde mi punto de vista es determinante: no solamente es encuentro, sino que es "encuentro gratuito".

En primer lugar, Taizé es oportunidad de encuentro con Dios. Los hermanos de Taizé cuidan cada detalle para que todo cristiano (católico, protestante, ortodoxo) pueda encontrarse con Cristo y hacer oración; son una mediación humana, efímera frente al Mediador, pero que propician el encuentro en un clima de oración difícil de conseguir al juntar en una misma iglesia 4000 jóvenes de todo el mundo durante una semana. Dios siempre tiene algo que decirnos, por el simple hecho de ser Alguien distinto de nosotros que busca entablar un contacto con nosotros siempre que estemos dispuestos a escuchar. Así, Dios en el "darse" a nosotros lo hace gratuitamente, por amor, independientemente de lo buenos o malos que seamos, porque lo que nos hace especiales es el ser imagen de Dios.

Pero por otro lado, Taizé es lugar de encuentro con los demás de manera gratuita. Allí cada uno ha ido con sus pretensiones personales, fueran cuales fueran, pero lo cierto es que el encuentro con otra persona y con su experiencia de fe puede cambiar todas las pretensiones que se llevaran de antemano. El poder compartir en un encuentro gratuito, sin interés, sin prejuicios (al menos graves) de por medio te lleva a un enriquecimiento que por ti mismo no puedes obtener. Es en el trato con el otro donde se refleja la imagen que tienes de ti mismo y se afirma o cambia en un diálogo sincero. Esto es lo que nos llevamos de Taizé: no una serie de recuerdos, sino una serie de personas que de manera privilegiada nos han ayudado en mayor o menor medida a definirnos como tal.

Por eso, lo que en un primer momento se puede plantear como una búsqueda de uno mismo en su interior se abre de manera insospechada para completarse en el encuentro gratuito, donde se refleja esa interioridad que tanto andamos buscando y que se configura conforme configuramos nuestra propia vida. Es ahí donde se cumple aquello de que "dando se recibe" y se recibe más de lo que se da.

Y ¿cuál es el vínculo que hace posible ese "encuentro-gratuito", tanto con Dios como con los demás?: La fe. La fe posibilita la gratuidad en el encuentro, tanto con Dios como con los demás. Gracias al regalo de la fe, podemos ver a Dios como un interlocutor posible en nuestro horizonte de comprensión, ante el cuál reacciona todo nuestro ser de distintos modos y se hace posible la comunicación con Él. Y en el encuentro con los demás, la fe actúa como vínculo que permite que se dé esa experiencia de gratuidad ante el encuentro con el otro y refuerza el vínculo entre ambos; es decir, la fe es la que hace que las conversaciones en torno a Dios reflejen nuestro interior y nuestra manera de ser y que cuando hablas de tu fe con otra persona esa conversación trascienda el ámbito de la trivialidad.

Y para terminar, unas frases del papa Francisco que me parece que ilustran muy bien esta idea:

" La fe no sólo se presenta como un camino, sino también como una edificación, como la preparación de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los demás...
La fe revela hasta qué punto pueden ser sólidos los vínculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos. No se trata sólo de una solidez interior, una convicción firme del creyente; la fe ilumina también las relaciones humanas, porque nace del amor y sigue la dinámica del amor de Dios. El Dios digno de fe construye para los hombres una ciudad fiable." (Lumen Fidei 51)

Feliz regreso a la "normalidad", si es que alguna vez ha existido...

Comentarios

  1. Gracias por tu fresco testimonio, hermano. Pusiste en palabras lo que yo también experimento en mis visitas. Gracias. Fraternalmente, Walter (Argentina)

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    1. Me alegro que coincidiéramos en la experiencia, y gracias por leerlo!

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